Columna de opinión por: José Miguel Cardemil, Investigador Principal de SERC Chile
Chile se ha propuesto una meta ambiciosa: alcanzar la carbono-neutralidad al 2050. Lograrlo no será tarea fácil. Implicará transformar de manera profunda todos los sectores productivos del país, especialmente la industria, que hoy representa una fracción importante de nuestras emisiones. En este escenario, la energía solar no es solo parte de la solución: es una oportunidad estratégica que no podemos dejar pasar.
Durante la última década, hemos sido testigos de un auge impresionante de las energías renovables, particularmente la solar fotovoltaica. Nuestro país, bendecido con una de las mayores radiaciones solares del mundo, ha instalado casi 11 GW de capacidad solar. Sin embargo, gran parte de esa energía se pierde por cuellos de botella en transmisión o por falta de flexibilidad del sistema. Paradójicamente, mientras vertemos energía limpia, muchas industrias siguen usando combustibles fósiles para generar calor.
Y es precisamente ahí donde la energía solar puede marcar la diferencia.
En Chile, gran parte del consumo energético industrial está asociado al calor: secado, calentamiento de fluidos, cocción, fundición. Procesos intensivos en energía térmica que hoy dependen del diésel, gas o carbón. Pero existen tecnologías solares térmicas —como los colectores solares planos, tubos evacuados o sistemas de concentración solar— que permiten generar ese calor de manera limpia, eficiente y competitiva. Y no estamos hablando del futuro: estas soluciones están disponibles, probadas y listas para escalar.
Más aún, la transición hacia una industria baja en carbono no se limita al cambio tecnológico. Es una oportunidad para agregar valor, diversificar nuestras exportaciones, abrir nuevos mercados y generar empleos de calidad. En sectores clave como la minería, los alimentos o la construcción, incorporar energías renovables en los procesos productivos puede marcar la diferencia entre mantenerse competitivo o quedar fuera de mercados que exigen trazabilidad y estándares ambientales crecientes.
Pero esta transformación no ocurrirá por inercia. Necesitamos decisión política, financiamiento público y privado, y una articulación real entre el mundo académico, el Estado y la industria. Desde nuestro centro, trabajamos a diario para desarrollar soluciones aplicadas, formar profesionales y validar tecnologías en condiciones reales. Pero también vemos cómo muchas de estas soluciones se quedan en el papel por falta de voluntad o coordinación.
El desafío es técnico, sí, pero sobre todo es político y cultural. Necesitamos cambiar la forma en que concebimos el desarrollo industrial. Apostar por una matriz energética más limpia no es solo una exigencia ambiental: es una palanca para la modernización y la resiliencia económica del país.
La energía solar está ahí, disponible, abundante y limpia. Puede —y debe— ser la columna vertebral de la descarbonización industrial en Chile. Ya no tenemos excusas. Solo nos falta decisión y acción.
Y desde SERC Chile, el centro de investigación en Energía Solar, estamos listos para contribuir.